Tres de cada cuatro jóvenes en Chile presentan síntomas de ansiedad o depresión, convirtiendo al país en el segundo lugar de la OCDE con mayor número de suicidios adolescentes. Un 90% de estos casos están relacionados con enfermedades mentales. La creciente preocupación por el riesgo suicida ha llevado a buscar alternativas más efectivas, como la Estimulación Magnética Transcraneal (EMT), que se presenta como una opción prometedora para quienes sufren de depresión resistente.
Según datos del gobierno, un 26,5% de los adolescentes chilenos muestra manifestaciones moderadas o severas de ansiedad y depresión. Esta situación ha sido calificada como “motivo de preocupación”, especialmente dado que el suicidio figura entre las principales causas de muerte en personas de 15 a 29 años, superando el promedio mundial. La historia de Emilia, una adolescente de 16 años que ha luchado con la depresión, es un reflejo de la realidad que enfrentan muchas familias que buscan soluciones efectivas.

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La doctora María José Arroyo, psiquiatra infanto-juvenil, explica que entre un 25% y 40% de los adolescentes con depresión no responden a tratamientos convencionales. Estos jóvenes que llevan más de un año con síntomas y han probado al menos dos esquemas farmacológicos sin éxito, enfrentan lo que se conoce como depresión resistente al tratamiento. La EMT se presenta como una herramienta clave para estos casos, ya que es una técnica no invasiva que modula la actividad neuronal en áreas del cerebro implicadas en la regulación del ánimo.
La efectividad de la EMT es notable: estudios indican que puede llevar a la remisión de la depresión en el 41% de los pacientes, disminuir la ansiedad en uno de cada tres adolescentes y eliminar la ideación suicida en más del 60% de quienes la padecen. La experiencia de Javier, el padre de Emilia, resalta cómo esta terapia ha transformado la vida de su hija, devolviéndole su alegría y motivación tras experimentar un desgastante camino de tratamientos sin éxito.
La EMT se ofrece en sesiones específicas y ha sido aprobada por la FDA para su uso en adolescentes a partir de los 15 años. Para muchas familias, esta terapia se ha convertido en un rayo de esperanza en la lucha contra la depresión resistente, permitiendo que los jóvenes recuperen su bienestar emocional y social, y, en consecuencia, mejoren su calidad de vida en el ámbito familiar y personal.

