El Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) es una de las patologías más incomprendidas, especialmente en personas mayores de 60 años. La doctora Elena Urrestarazu, especialista en Neurología y responsable de la Unidad del Sueño de la Clínica Universidad de Navarra, destaca que muchos pacientes sienten que el término “piernas inquietas” trivializa su trastorno y abogan por usar el nombre “enfermedad de Willis-Ekbom”. Este síndrome afecta al 10% de la población adulta en España, lo que se traduce en aproximadamente dos millones de personas que lidian con síntomas que van desde la necesidad de mover las piernas hasta la incomprensión de su entorno.
El desconocimiento sobre el SPI contribuye a que muchos casos no sean diagnosticados. Según Urrestarazu, los pacientes a menudo no logran describir sus síntomas con claridad o los asocian a situaciones de estrés, lo que les lleva a no buscar ayuda médica. Además, algunos médicos no están suficientemente informados sobre el síndrome, lo que puede resultar en tratamientos inapropiados, como la prescripción de antidepresivos que en realidad pueden agravar la condición.

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Los síntomas del SPI son sensitivo-motores y se caracterizan por una sensación extraña en las piernas que mejora con el movimiento. Esta necesidad puede dificultar el sueño y, en casos graves, afectar la calidad de vida de los pacientes más que otras enfermedades consideradas graves. La doctora Urrestarazu señala que hay una clara relación entre el SPI y un aumento en el riesgo de suicidio, una realidad alarmante que subraya la importancia de comprender y tratar adecuadamente esta enfermedad.
En cuanto al tratamiento, aunque no hay cura para el SPI primario, existen opciones para aliviar los síntomas. Estos tratamientos han evolucionado, y ahora se utilizan fármacos gabapentinoides, además de recomendaciones como masajes y cambios en el estilo de vida. La doctora también menciona que es crucial identificar causas subyacentes, como el déficit de hierro, especialmente en pacientes mayores. Con un enfoque adecuado, los pacientes pueden encontrar alivio y mejorar su calidad de vida, aunque la falta de conocimiento sigue siendo un desafío importante en el manejo del síndrome.

