El escándalo público relacionado con Viviana Ríos, exagente del Comando Conjunto, ha reavivado el debate sobre la justicia en materia de derechos humanos en Chile. Su matrimonio con el general de la FACH, Patricio Campos, quien fue enviado a la Mesa de Diálogo sobre derechos humanos, resultó en la renuncia del excomandante en Jefe Patricio Ríos y desató una serie de cuestionamientos sobre la reparación a las víctimas de la dictadura.
El ministro de Defensa, Fernando Barros, expresó su preocupación sobre la justicia reparatoria, cuestionando qué tipo de reparación es viable para exagentes de la dictadura que hoy enfrentan problemas de salud. Este comentario surge tras la muerte del exfiscal militar Alfonso Podlech, quien había sido condenado por violaciones a los derechos humanos.

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El Programa de Derechos Humanos, que actúa como querellante en estos casos, ha cambiado su criterio respecto a la libertad de estos condenados. La Subsecretaría de DDHH emitió un comunicado aclarando que cada caso se evalúa de manera individual, lo que ha generado confusión y malestar entre los familiares de las víctimas y los condenados.
En el centro de este escándalo se encuentra Viviana Ugarte, más conocida como ‘La Pochi’, condenada por múltiples violaciones a los derechos humanos. Aunque su defensa ha intentado desestimar su rol como agente operativa, testimonios en su contra continúan surgiendo. Actualmente, Ugarte cumple una condena de 25 años por sus crímenes, y su abogado ha solicitado la unificación de penas, lo que podría permitirle optar a beneficios extracarcelarios en el futuro.
La complejidad del caso y la falta de claridad en la aplicación de la justicia reabren heridas en la sociedad chilena. El futuro de Ugarte y la interpretación de las leyes en estos casos emblemáticos están bajo la mirada atenta de la opinión pública, mientras el gobierno enfrenta un nuevo desafío en el ámbito de los derechos humanos.

