Un tercio de nuestra vida transcurre durmiendo, y no es casualidad: el sueño sostiene buena parte de nuestra salud. Mientras dormimos, las decenas de billones de microorganismos que nos habitan, conocidos como microbiota, siguen sus propios ritmos. Esta colonia microbiana, compuesta principalmente de bacterias, puede alcanzar un peso de medio kilo. Junto con su hospedador, forma la unidad biológica que llamamos holobionte.
La relación entre microbiota y sueño es bidireccional. Nuestra composición microbiana puede influir en cómo dormimos, y el descanso nocturno es necesario para mantener una microbiota diversa y equilibrada. Una microbiota saludable produce sustancias como el butirato, que se asocia con una menor inflamación y un mejor funcionamiento de distintas vías neuroendocrinas, contribuyendo a un sueño más profundo.

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Para mantener un equilibrio y mejorar la relación entre sueño y microbiota, se presentan tres consejos clave. En primer lugar, es esencial llenar el plato de fibra. Una alimentación rica en verduras, frutas, legumbres y alimentos fermentados favorece un organismo menos inflamado y un descanso de mayor calidad. La dieta mediterránea es un patrón alimentario favorable para la diversidad microbiana.
En segundo lugar, respete sus horarios. La exposición a la luz natural, especialmente por la mañana, ayuda a sincronizar nuestro ritmo circadiano. Reducir la exposición a luz artificial intensa por la noche puede mejorar la calidad del sueño. Por último, muévase cada día y gestione su estrés. El ejercicio regular se asocia con mayor diversidad microbiana, y prácticas como el yoga o la meditación ayudan a reducir el estrés, beneficiando así tanto a la salud mental como a la microbiota.

