Las empresas chilenas pueden y deben invertir más en I+D aplicada. En el contexto actual, la colaboración entre el sector privado, el Estado y la academia es fundamental para reducir riesgos y acelerar impactos. Esta inversión no solo es rentable, sino que es esencial para el crecimiento económico del país.
En el debate sobre la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), la evidencia internacional resalta su importancia. El Nobel de Economía 2025 fue otorgado a académicos que demostraron cómo la innovación y el cambio tecnológico impulsan la competitividad y el crecimiento a largo plazo. En Chile, el retorno privado de invertir en I+D es de alrededor del 30%, muy superior a la tasa de interés promedio de mercado.

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Desmitificar la idea de que la I+D es un gasto es crucial. Las empresas que innovan pueden experimentar aumentos de productividad de entre un 74% y un 135%. No es un lujo; es un negocio. La inversión en I+D+i se ha convertido en un secreto valioso para aquellas empresas que desean mantenerse competitivas en un mercado global.
Sin embargo, la innovación requiere paciencia y un enfoque a largo plazo. No se trata solo de obtener resultados inmediatos; implica un proceso de ensayo y error, aprendizaje y adaptación. A pesar de los mitos, Chile cuenta con empresas que pueden competir a nivel global y que están innovando en sectores como la minería, la agroindustria y la salud, utilizando tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial y la biotecnología.
La buena noticia es que la inversión en I+D puede revertir el estancamiento económico actual. Sin embargo, para cosechar estos beneficios, las empresas deben comprometerse con una visión a largo plazo. Como indica Mark Taylor en su libro The Politics of Innovation, la inversión en I+D es una decisión política crucial tanto a nivel empresarial como nacional.

