Investigadores de la Universidad de Glasgow han logrado descomponer hasta el 94% del bisfenol A utilizando un sistema basado en ultrasonido. Este avance no solo evita el uso de químicos adicionales y subproductos problemáticos, sino que también abre la puerta a una nueva forma de purificar agua en ríos, industrias y plantas de tratamiento.
El bisfenol A (BPA) se ha convertido en un contaminante persistente en el agua, presente en botellas, tuberías y sedimentos antiguos. A pesar de las restricciones legales, el BPA sigue apareciendo en aguas residuales y domésticas, afectando la salud hormonal y metabólica de humanos y animales. El equipo escocés ha demostrado que, al afinar las ondas sonoras, es posible enfrentar este contaminante y casi eliminarlo.

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El grupo Symes de la Universidad de Glasgow ha innovado al atacar el BPA usando ultrasonido de doble frecuencia. Este método combina ondas a 20 kHz y 37 kHz para generar microburbujas que, al colapsar, alcanzan temperaturas y presiones extremas. En esos “puntos calientes” microscópicos, las moléculas de BPA se rompen y se transforman en compuestos inocuos como dióxido de carbono. En solo 40 minutos, el sistema logra degradar hasta un 94,2% del contaminante.
La clave ahora es escalar esta tecnología. El equipo ya está en conversaciones con empresas del sector hídrico para implementar el ultrasonido en plantas municipales e industriales. Esta técnica podría ser útil en entornos rurales sin acceso a tecnologías complejas, en ríos contaminados por vertidos plásticos, o como apoyo a plantas que busquen reducir el uso de productos químicos. En un mundo que enfrenta simultáneamente la crisis climática y la escasez de agua, estas microburbujas de sonido podrían marcar la diferencia entre consumir agua contaminada o realmente limpia.

