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La Ciencia Básica en Chile: Un Riesgo por el Recorte de Fondos

La comunidad científica enfrenta el riesgo de recortes en el financiamiento de la ciencia básica en Chile.

El desafío no negociable para Chile es mantener el desarrollo y financiamiento de la ciencia básica, un área que debe ser motivo de orgullo, sin importar el contexto político. La comunidad científica ha reaccionado con escepticismo ante las promesas del Presidente José Antonio Kast de no recortar fondos en el área científica. Esta desconfianza se ve reforzada por el historial de algunos grupos ideológicos que han mostrado negacionismo científico, cuestionando temas como las vacunas y el cambio climático.

Después de asumir la presidencia, se anunciaron recortes a becas estatales de magíster y postdoctorado dentro de una reestructuración del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. Además, el mandatario sugirió revisar el financiamiento de la investigación en Chile, insinuando que los resultados de esta son de poco interés práctico y que no contribuyen al desarrollo del país.

Chile invierte solo el 0,41% de su PIB en ciencia, lo que lo posiciona en los últimos lugares entre los países de la OCDE. Esta situación se agrava por la baja participación de la industria en investigación y desarrollo (I+D), que es notablemente inferior a la de naciones comparables. Es crucial que el sector privado asuma un rol más activo en el financiamiento de la investigación para alcanzar el promedio de la OCDE del 2,7% del PIB.

Sin embargo, la situación en Chile es diferente a la de Silicon Valley. La investigación básica, aunque menos costosa, es esencial para sustentar la investigación aplicada y experimental. Actualmente, el 35% de los recursos en ciencias se destinan a investigación básica, en comparación con el 15% en Estados Unidos. Esta discrepancia destaca la necesidad de un fuerte financiamiento estatal, ya que la investigación básica es el cimiento de cualquier avance científico futuro.

Por otro lado, el escaso número de investigadores en Chile, con solo 1,3 investigadores por cada 1.000 trabajadores, es otro indicador preocupante. Además, solo 0,17% de la población entre 25 a 64 años tiene un doctorado, en contraste con el 1,16% del promedio de la OCDE. Esto crea barreras significativas para la formación de nuevo personal científico, lo que podría limitar el futuro del desarrollo científico en el país.

El recorte a las becas de postdoctorado en el extranjero también representa un duro golpe para los investigadores chilenos, quienes dependen de estas oportunidades para insertarse en el mundo laboral. El desarrollo sostenible de la ciencia en Chile requiere que los recursos crezcan al mismo ritmo que el número de investigadores, priorizando la formación de personal calificado.

Finalmente, es vital que la percepción pública de la ciencia en Chile se alinee con su realidad, dado que un 41% de la población muestra poco interés en ciencia y tecnología. Esta indiferencia puede obstaculizar el progreso y la confianza en la comunidad científica. Es fundamental educar e involucrar a las nuevas generaciones para que comprendan el valor intrínseco del conocimiento científico, que trasciende su aplicabilidad inmediata.

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