La cepa de ébola que surgió a finales de abril en la República Democrática del Congo (RDC) ha desatado una carrera contrarreloj entre laboratorios para desarrollar una vacuna. La situación se complica con cerca de 140 muertos y 1.000 contagiados estimados, lo que ha llevado a las autoridades de Estados Unidos a advertir a sus ciudadanos contra viajar a la región afectada.
Se cree que la enfermedad comenzó a propagarse a través de un evento de supercontagio, posiblemente un funeral, a principios de mayo. Este es el brote número 17 de ébola en la RDC, y el tercero causado por la cepa “Bundibugyo”, para la cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados.
Los científicos ya han desarrollado varios candidatos a vacunas y tratamientos, aunque aún no han sido probados en humanos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha comenzado a evaluar opciones, incluida una vacuna llamada Ervebo, que se dirige a la cepa Zaire, la más común. El virólogo Thomas Geisbert ha diseñado una vacuna similar dirigida a la cepa Bundibugyo, que ha mostrado protección en estudios con monos.
A pesar de los avances, el proceso para realizar ensayos clínicos en humanos y producir dosis a gran escala es largo y costoso. Geisbert subraya que las grandes farmacéuticas carecen de incentivos para participar, ya que no es rentable. Su candidata a vacuna Bundibugyo ha estado en el olvido desde 2013, al igual que su investigación sobre la vacuna Ervebo en 2005.
Investigadores chinos han presentado una nueva vacuna candidata que utiliza tecnología de ARN mensajero, similar a las vacunas contra el Covid-19, dirigida a las tres principales cepas del ébola. Sin embargo, estas vacunas son costosas de producir y requieren refrigeración, lo que podría limitar su uso en África.
La OMS ha indicado que la vacuna más prometedora para la cepa Bundibugyo podría tardar entre seis y nueve meses en estar lista para ensayos clínicos. Una alternativa desarrollada por la Universidad de Oxford podría estar disponible para ensayos en dos o tres meses, aunque aún hay incertidumbre sobre su eficacia.
La cepa Bundibugyo fue identificada por primera vez en 2007, y las tasas de letalidad han oscilado entre el 30% y el 50% en brotes anteriores. La detección temprana es un desafío, ya que los síntomas iniciales son similares a los de otras enfermedades, incluida la malaria.


