El Servicio Federal Penitenciario de Rusia ha informado que la población carcelaria ha disminuido drásticamente a 282.000 presos, casi la mitad de los 465.000 reclusos registrados a fines de 2021. Este cambio se atribuye principalmente a los contratos firmados por reclusos para combatir en Ucrania.
El director del servicio, general Arkadi Góstev, explicó que entre los factores que han influido en esta reducción se encuentran el incremento de penas con trabajos sociales y el uso de arresto domiciliario. Se ha señalado que, en particular, el trabajo de contratación para las Fuerzas Armadas ha tenido un impacto significativo en las cifras.

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Además, Góstev mencionó que muchos de los bienes producidos en las cárceles están destinados al Ejército ruso y a la campaña militar en Ucrania. Anualmente, alrededor de 16.000 reclusos participan en estos trabajos, generando bienes por un valor aproximado de 5.500 millones de rublos (unos 75 millones de dólares).
El director también justificó el estado de muchas cárceles, señalando que la última fue construida en 1984 y que este año se inauguró una nueva en Kazán. Parte de los ingresos generados en los centros penitenciarios se destina al desarrollo y mantenimiento de estas instalaciones. La práctica de reclutar presos para el combate, popularizada por el grupo de mercenarios Wagner, ha sido legitimada por leyes que permiten eludir el procesamiento legal a quienes se alisten para combatir en Ucrania.

