Durante mucho tiempo se consideró que Júpiter era un simple planeta gaseoso: una atmósfera turbulenta de hidrógeno y helio en la superficie, y un núcleo denso debajo. Sin embargo, los nuevos datos de la misión Juno de la NASA y las simulaciones modernas revelan que el planeta más grande del sistema solar debe de tener una estructura mucho más compleja.
Como señala Steven Levin, investigador de la misión Juno, “tendemos a llenar nuestras lagunas de conocimiento con modelos sencillos, pero los detalles son cada vez más complejos”. Desde su llegada en 2016, la sonda espacial Juno ha estado estudiando la atmósfera, el campo magnético y el campo gravitatorio del gigante gaseoso, completando ya 83 órbitas.
Las corrientes atmosféricas de Júpiter resultan especialmente fascinantes. Más de 20 enormes corrientes en chorro rodean el planeta en dirección este-oeste, con vientos que alcanzan velocidades de unos 100 metros por segundo. Esto las hace más de tres veces más rápidas que las corrientes en chorro de la Tierra. En Júpiter, se alternan regularmente franjas de viento que soplan hacia el este y hacia el oeste, destacando la “superrotación” en el ecuador.

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Por debajo de la atmósfera, Júpiter parece girar casi como un cuerpo sólido, pero las transiciones entre la atmósfera y el interior son mucho más complejas de lo esperado. Los modelos clásicos sobre el núcleo de Júpiter, que hablaban de un núcleo sólido de roca y hielo, ya no encajan con este nuevo panorama. Scott Bolton, investigador principal de Juno, señala que el núcleo es “muy grande, difuso y poco luminoso”.
La investigación sugiere que los movimientos turbulentos en forma de remolino podrían desempeñar un papel decisivo en las corrientes de Júpiter. Además, se debate sobre la lluvia de helio, donde este gas se separa del hidrógeno bajo una presión extrema y desciende a las capas más profundas, liberando energía considerable. Las mediciones del radiómetro de microondas de Juno también revelan indicios de células de circulación a gran escala que se extienden a profundidades enormes.
A medida que Juno se adentra en las regiones polares de Júpiter, se obtienen resultados que revisten una enorme importancia para la investigación planetaria. Júpiter no solo nos permite comprender a los gigantes gaseosos de nuestro sistema solar, sino también a los numerosos exoplanetas en sistemas estelares lejanos. Con cada nueva órbita de la sonda, aumentan las preguntas sin respuesta sobre la complejidad del planeta.

