Cada vez es más común escuchar a familiares, amigos o compañeros de trabajo decir que los alimentos que contienen gluten les caen mal, o que la leche de vaca les inflama y provoca problemas intestinales. Lo que antes parecía un problema poco frecuente, ahora forma parte de conversaciones cotidianas, listas de supermercado y menús de restaurantes. Las etiquetas “sin gluten” y “sin lactosa” son ya parte habitual del rotulado básico de los alimentos.
Según un estudio realizado en 2025 por CADEM y Aramak, uno de cada cinco chilenos declaró padecer algún tipo de alergia o intolerancia alimentaria. Sin embargo, solo la mitad de quienes dicen sufrir de intolerancia al gluten o a la lactosa tienen un diagnóstico médico. La mayoría de quienes se autoatribuyen estos problemas son personas jóvenes. Se estima que casi siete de cada diez personas sufrirá algún problema relacionado con el consumo de leche de vaca a lo largo de su vida.

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Los avances médicos y una mayor conciencia sobre la salud digestiva han contribuido a visibilizar más los casos de “alergias” e “intolerancias”. Esto da pie a preguntarse si realmente hay un aumento en los últimos años de personas con enfermedad celíaca e intolerancia a la lactosa, o si las tendencias han llevado a más personas a sentir que estos alimentos les causan daño.
Respecto al gluten, la Encuesta Nacional de Salud indica que aproximadamente un 1% de los chilenos sufre de enfermedad celíaca, un cuadro autoinmune que provoca la destrucción del intestino. En contraste, un 8,5% de chilenos aparentemente sanos perciben molestias al comer cereales, pudiendo estar en la categoría de intolerantes al gluten. La realidad sobre la lactosa es diferente; los especialistas no advierten un aumento en su prevalencia, y entre el 40% y el 50% de la población tiene problemas relacionados con su consumo.
El mercado lechero ha adaptado su oferta, proporcionando alternativas lácteas libres de lactosa. Sin embargo, el aumento de la información sobre este tema ha llevado a más personas a autodiagnosticarse intolerancias. Pamela Campi, nutricionista, advierte que muchos pacientes atribuyen automáticamente sus síntomas digestivos al gluten, cuando podrían haber otras causas. Esto resalta la importancia de un diagnóstico médico adecuado antes de hacer cambios significativos en la dieta.
