La muerte del carabinero Javier Figueroa ha tomado un nuevo giro tras el testimonio de una carabinera que participó en el operativo de la noche del 11 de marzo en Puerto Varas, región de Los Lagos. Figueroa, quien fue baleado y falleció el 19 de marzo, dejó un enigma sobre las circunstancias de su muerte que ahora podría resolverse gracias a esta información crucial.
La carabinera declaró que ambos se separaron durante su patrullaje y que Figueroa reportó por radio que estaban en “clave 25”, un código para informar disparos. Ella escuchó dos tiros y, al acercarse a su ubicación, notó que su compañero no respondía a la radio. En un momento de silencio, describió haber oído “como el quejido de una persona”, lo que añade un elemento inquietante a la investigación.
Además, la Fiscalía ha ordenado una prueba de ADN al arma de servicio de Figueroa, la cual se sospecha que fue utilizada en los disparos registrados. Este análisis es fundamental para esclarecer qué ocurrió aquella noche fatídica y determinar si hubo participación de terceros.

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Desde el inicio de la indagatoria, se había planteado la posibilidad de un suicidio, especialmente porque la llamada que alertó sobre personas consumiendo alcohol se realizó desde un celular registrado a nombre de Figueroa. Sin embargo, esta teoría ha ido perdiendo fuerza a medida que se recogen más pruebas y testimonios.
La madre de Figueroa ha expresado su inquietud sobre el caso, sugiriendo que su hijo podría haber estado al tanto de irregularidades dentro de la institución y que eso podría haber llevado a su muerte. “Mi hijo no se iba a quedar callado”, afirmó, sugiriendo que podría haber sido víctima de un encubrimiento.
Las nuevas evidencias y el testimonio de la carabinera podrían ser determinantes para resolver este caso que ha conmovido a la opinión pública y ha dejado muchas preguntas sin respuesta.

