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La nostalgia de los videojuegos: un viaje emocional a la infancia

Los adultos que retoman juegos de infancia buscan reconectar con su yo pasado.

Encontrar una consola vieja en una caja olvidada o desempolvar un juego de mesa puede evocar una sensación difícil de explicar. Durante unos segundos, el tiempo parece detenerse y todo regresa: los olores familiares, las meriendas después del colegio y aquellos días de vacaciones en los que las preocupaciones eran menores. Por ello, no es sorprendente que cada vez más adultos dediquen su tiempo a recuperar videojuegos retro y juguetes antiguos, buscando más que solo entretenimiento.

La psicología ha identificado este fenómeno como ‘búsqueda de continuidad del yo’. Según estudios, los adultos que regresan a los juegos de su infancia no solo buscan diversión, sino que intentan reencontrarse con la persona que fueron años atrás. Los videojuegos retro, en particular, funcionan como auténticas ‘máquinas del tiempo emocionales’, dado que requieren interacción y permiten a los jugadores revivir experiencias pasadas, reactivando no solo recuerdos visuales, sino también sensaciones y emociones.

Investigadores de la Universidad de Colonia han encontrado que esta conexión con los videojuegos no es casual. A diferencia de otras formas de entretenimiento, los videojuegos permiten que los jugadores participen activamente en su pasado, lo que genera una inmersión emocional más profunda. Este regreso a los juegos infantiles actúa como un refugio emocional frente al estrés diario, permitiendo a los adultos escapar de las responsabilidades y redescubrir la alegría de su juventud.

Además, este fenómeno está relacionado con el ‘pico de reminiscencia’, que establece que las experiencias vividas entre los 10 y 25 años se almacenan con mayor intensidad emocional. La memoria no actúa como una grabación exacta, sino que tiende a suavizar lo negativo y resaltar lo positivo, lo que explica por qué muchos adultos recuerdan sus días de juego como momentos perfectos.

Sin embargo, volver a jugar no siempre ofrece la misma sensación que en la infancia. El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi define el ‘estado de flujo’ como una concentración total en una actividad, la cual puede ser más difícil de alcanzar en la adultez debido a las preocupaciones cotidianas. A pesar de esto, los expertos señalan que la nostalgia por esos días tiene un efecto positivo, ayudando a reducir el estrés y proporcionando una sensación de seguridad emocional.

La nostalgia no debe verse como una debilidad, sino como una herramienta emocional que nos permite recordar quiénes fuimos y recuperar parte de la energía despreocupada que todavía reside en nosotros. Aunque el niño que pasaba horas jugando ya no existe de la misma manera, la psicología sostiene que una parte de él sigue ahí, lista para ser redescubierta a través de un videojuego antiguo.

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