Informes de Moody’s, JPMorgan y otros analistas han elevado las alarmas sobre un posible cierre prolongado del estrecho de Ormuz, lo que podría desencadenar efectos recesivos significativos. Este bloqueo, que ha dificultado el transporte marítimo, se ha convertido en una restricción estructural de oferta para los flujos globales de energía, superando la idea de un simple shock temporal en el suministro.
En un reciente informe, Moody’s Analytics modificó sus proyecciones económicas, anticipando que la disrupción en el estrecho persista durante el otoño boreal. Su análisis sugiere que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán se han estancado, lo que incrementa las posibilidades de un conflicto prolongado, diluyendo las esperanzas de un acuerdo rápido.

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La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha calificado esta situación como “la mayor crisis energética de la historia”. En su más reciente reporte, la AIE alertó sobre la reducción récord de las reservas mundiales de petróleo, lo que podría resultar en una mayor volatilidad de precios en el futuro inmediato. Esto se suma a la proyección de que el precio del petróleo Brent se mantenga por encima de los 100 dólares por barril, incluso después de una posible reapertura del estrecho.
Los analistas de JPMorgan han indicado que, aunque la reapertura del estrecho parece inminente, el mercado energético seguirá enfrentando restricciones de oferta significativas. De hecho, estiman que los precios del petróleo podrían establecerse entre 90 y 110 dólares por barril, lo que podría reducir el crecimiento del PIB real en varias economías entre 0.2 y 0.8 puntos porcentuales. Esta situación plantea un escenario complejo para la economía global, donde los efectos colaterales se sentirán en costos, demanda y condiciones de financiamiento.

