Un equipo global de científicos liderado por la Universidad de Stanford ha encontrado una relación significativa entre el lugar de residencia y la velocidad del envejecimiento. Publicada en la revista Cell, la investigación analizó a 322 personas sanas de Europa, Asia Oriental y Asia Meridional, buscando entender cómo la ascendencia genética y el entorno influyen en nuestra biología. Utilizando un enfoque multiómico integral, los autores del estudio revisaron genes, proteínas, bacterias intestinales, y más.
El estudio, en colaboración con la Universidad de Manchester, identificó que el origen étnico deja una huella profunda en el sistema inmunitario y el metabolismo, independientemente de la ubicación geográfica. Los voluntarios del sur de Asia mostraron una mayor exposición a patógenos, mientras que los europeos presentaron una mayor diversidad microbiana intestinal, vinculada a un mayor riesgo de enfermedades cardíacas.

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Los investigadores descubrieron que la geografía influye en redes moleculares clave relacionadas con el colesterol y el metabolismo energético, sugiriendo que un cambio de continente puede alterar importantes vías metabólicas. Aún más notable, la geografía parece modificar la edad biológica de los individuos. Por ejemplo, los asiáticos orientales que vivían fuera de Asia eran biológicamente mayores que aquellos que permanecían en su continente.
El profesor Richard Unwin, coautor de la investigación, destacó que este estudio demuestra cómo la biología de una persona está determinada por su ascendencia genética y su entorno. Los hallazgos sugieren que estos factores interactúan de maneras que podrían acelerar o retrasar el envejecimiento. Esta nueva comprensión podría ayudar a desarrollar diagnósticos y tratamientos más precisos, adaptados a la herencia genética y al entorno de cada individuo.

