La Bodega Escala Humana Wines se encuentra en Gualtallary, Tupungato, Mendoza, en un terreno autóctono de compleja biodiversidad, al pie de la Cordillera de los Andes. Su implantación responde a estudios específicos sobre tipos de suelo, flora nativa, fauna, entomología y microbiología, evidenciando un genuino compromiso ambiental. La premisa del proyecto se define por una delgada línea entre el cielo y la tierra, organizando el programa y ofreciendo una cota de referencia para comprender lo inconmensurable.
Las viñas se acomodan entre islas naturales de chañares, cactus y vegetación silvestre, mientras que la bodega se emplaza en la porción de suelo menos apta para el cultivo. Esta decisión permite integrar la arquitectura como una pieza precisa dentro del ecosistema existente, favoreciendo un balance entre la producción y el entorno natural.

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El encargo de diseño propone una bodega que albergue las funciones necesarias para la elaboración del vino, construyendo espacios íntimos que fomentan una experiencia cercana y sensible. La arquitectura es versátil, vinculando producción y habitabilidad, lo que crea un ambiente acogedor y funcional. La volumetría inicial oculta parcialmente las vistas, pero al cruzar el umbral de acceso, se abre hacia el oeste, enmarcando el paisaje andino.
La estrategia bioclimática es central en el proyecto, utilizando muros de gran masa térmica, aberturas controladas y ventilación cruzada para construir un microclima interior estable. La luz natural ingresa de manera calibrada, evitando el exceso y creando una atmósfera interior de penumbra que es adecuada tanto para el trabajo cotidiano como para las exigencias térmicas propias de una bodega. Así, Escala Humana Wines se convierte en un hogar para las actividades que cruzan lo industrial y lo familiar, logrando una escala humana en su diseño.

