Un estudio publicado en Nature ha abierto una nueva vía para entender el cuerpo humano. En concreto, un consorcio internacional con participación del Centro Max Delbrück, en Alemania, ha rastreado zonas poco estudiadas del ADN y ha encontrado señales de una biología hasta ahora invisible.
La investigación se adentra en el llamado proteoma oscuro, una parte del material genético que durante años quedó fuera del foco porque no encajaba con la definición clásica de gen productor de proteínas. Este territorio, antes asociado de forma simplificada al ADN sin función clara, empieza ahora a mostrar una actividad mucho más compleja.
El equipo, integrado por instituciones como el Princess Máxima Center for Pediatric Oncology y la University of Michigan Medical School, analizó más de 7.200 regiones conocidas como marcos abiertos de lectura no canónicos. El trabajo partió de una pregunta esencial para la biología moderna: cuántas de esas regiones producen moléculas estables y cuántas podrían tener relevancia real en la célula.

Críticas a las fotos de IA del nuevo Sony Xperia 1 VIII
El resultado fue la identificación de 1.785 microproteínas, una cifra que amplía de forma notable el panorama conocido. Según explica el Centro Max Delbrück, este número podría aumentar en casi un 10% los registros actuales de proteínas humanas, aunque la mayoría de estas moléculas no se parece a las proteínas convencionales. Muchas de ellas son extremadamente pequeñas, y el 65% tiene menos de 50 aminoácidos, lo que obligó al equipo a replantear cómo clasificar lo que estaba observando.
Los científicos han propuesto un nuevo concepto: peptideins. Con este término describen moléculas hechas de aminoácidos que existen dentro de las células, pero cuya función todavía no está definida. Sin embargo, podrían tener un papel importante en futuras investigaciones sobre enfermedades humanas, como se ha observado en el caso de seis peptideins prometedores relacionados con células de cáncer.
El doctor Sebastiaan van Heesch, del Princess Máxima Center, destaca que “la visión actual de las proteínas reconocidas no muestra la imagen completa”. Comprender estas moléculas podría transformar el estudio de patologías humanas y abrir nuevas oportunidades terapéuticas, aunque la mayor parte de estas proteínas oscuras sigue siendo un territorio por explorar.

