La clase media argentina enfrenta un panorama económico complicado, llevándola a restringir gastos que antes eran parte de su rutina, como el asado del domingo y las salidas con amigos. Este cambio ha sido impulsado por una inflación del 31,5% en 2025 y un 12,3% en el primer cuatrimestre de 2026, lo que ha disminuido significativamente el poder adquisitivo de los hogares. Los salarios no han sido ajustados al ritmo del aumento de precios, afectando gravemente el consumo.
Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas en pequeños y medianos comercios cayeron un 3,5% en el primer cuatrimestre de 2026. Diego Salvo, dueño de una carnicería en Mataderos, comenta que la gente ahora prefiere comprar cortes más económicos, ya que los tradicionales, como el asado o el vacío, se han vuelto un lujo inalcanzable.

El ingenioso obituario que se volvió viral en redes sociales
La situación es evidente en el consumo de carne, que ha disminuido de 52,9 kilos por habitante al año a 47,3 kilos en solo unos meses. En su lugar, los argentinos están optando por alimentos más asequibles como arroz, fideos y huevos. La realidad es aún más dura en el comercio textil, donde las ventas han caído un 5,6%. Las personas buscan opciones más baratas en internet, afectando aún más a los negocios locales.
Las estrategias de supervivencia incluyen recurrir a ahorros, pedir préstamos y hasta vender pertenencias. Un 47% de los hogares no logra cubrir sus gastos básicos, y muchos se han dado de baja de servicios de salud privados. Las reuniones sociales han cambiado de los bares a las casas, y las cenas se han transformado en meriendas menos costosas. Las familias están ajustando su vida cotidiana para adaptarse a una nueva normalidad económica que ha puesto en jaque a la clase media argentina.

