Las ferias artesanales en Chile, como la clásica Feria de Bellavista, están viviendo un momento crítico. Con más de tres décadas de historia, estos espacios, que solían ser un refugio para los artesanos dedicados a la madera, orfebrería y textiles de lana, se encuentran ahora en declive. La llegada de productos chinos a bajo costo ha desplazado a los artesanos, quienes luchan por mantener sus espacios y su trabajo. Cristina Borrero, una artesana con 30 años de experiencia en Bellavista, señala que ha tenido que incluir souvenirs importados para sobrevivir. “Desgraciadamente, hoy en día hemos tenido que vender productos chinos para poder sobrevivir”, confiesa con tristeza.
La situación es similar en la Feria Artesanal de Santa Lucía, donde Lucía Bustamante, la única artesana original que queda, ha visto cómo su espacio ha sido invadido por comerciantes de productos imitados. “Muchos aparentan vender productos artesanales, cuando en realidad ofrecen artículos importados desde China”, explica. A pesar de la adversidad, Lucía continúa ofreciendo platos de cobre y muñecas de lana, aunque admite que a veces pasan meses sin vender nada. El desafío es enorme, ya que los turistas buscan productos económicos, mientras que la artesanía genuina tiene un precio más elevado.

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Este fenómeno no solo afecta a Santiago, sino que se repite en diversas ferias tradicionales a lo largo del país, donde la oferta de productos importados ha comenzado a predominar. Macarena Peña, directora de la Fundación ONA, señala que la competencia desleal y la apropiación cultural son problemas que afectan a los artesanos chilenos. La Ley de Fomento y Protección a la Artesanía, promulgada en diciembre de 2025, busca abordar esta situación al reconocer la artesanía como una disciplina artística y cultural, promoviendo su desarrollo y protección.
Sin embargo, la implementación de esta ley aún está en proceso, y muchos artesanos sienten que las ferias no resguardan su trabajo adecuadamente. La confusión entre productos hechos a mano y artículos industriales ha llevado a un desgaste de la imagen de la artesanía en Chile. “Se ha mezclado la artesanía con productos chinos, los que compiten por precio y el producto artesanal nunca va a poder competir por precio”, concluye David Quitral, un artesano de madera, reflejando la difícil realidad que enfrentan los creadores en el país.

