En Chile, la promesa de un título universitario que garantiza empleo se desvanece. Hoy, un 20% de los jóvenes menores de 30 años con educación superior se encuentran desempleados. Además, el subempleo, donde los profesionales trabajan en áreas no relacionadas con sus estudios, ha crecido un 45% desde 2002. Esta situación ha llevado a muchos a cuestionar el valor de los años invertidos en su formación académica mientras luchan por encontrar trabajos dignos.
Las estadísticas son alarmantes. Según datos del Observatorio de Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, el desempleo entre personas con título alcanzó un 8,6% en el primer trimestre de 2026, la cifra más alta desde que se tienen registros, excluyendo la pandemia. Este fenómeno, conocido como desempleo ilustrado, se agrava con el aumento del subempleo, que también ha mostrado un incremento notable en el último año.

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Testimonios de profesionales afectados destacan la frustración de aquellos que, a pesar de sus títulos, se ven obligados a aceptar trabajos que no requieren su formación. Valentina, egresada de Periodismo, envió numerosos currículums para ejercer en su campo, pero los rechazos por falta de experiencia la llevaron a aceptar un trabajo como cajera. Sofía, ingeniera comercial, comparte su experiencia en redes sociales, reflejando el descontento de muchos jóvenes que sienten que sus esfuerzos educativos no se traducen en oportunidades laborales.
Los expertos coinciden en que hay un desajuste entre la educación que se imparte en las universidades y las necesidades del mercado laboral. La alta cobertura de acceso a la educación ha creado un exceso de profesionales en ciertas áreas, mientras que el crecimiento del empleo no ha sido suficiente para absorber esta oferta. Las empresas buscan candidatos con experiencia, creando un ciclo vicioso que deja a los recién graduados en una situación precaria y sin oportunidades de desarrollo.
La presión económica también juega un papel crucial. Muchos jóvenes enfrentan deudas estudiantiles, lo que los obliga a aceptar cualquier trabajo que se presente, incluso si no está relacionado con su formación. Ana, quien estudió Literatura Creativa, trabaja en un jardín Waldorf mientras se siente frustrada por no poder ejercer su profesión y por la carga financiera que conlleva su educación. El sistema educativo y las políticas de empleo deben adaptarse para ofrecer soluciones efectivas a esta creciente crisis laboral.

