La obesidad infantil no solo incrementa el riesgo de diabetes y enfermedades cardiovasculares, sino que también deja marcas biológicas en el ADN que reflejan la respuesta metabólica del organismo desde una edad temprana. Un estudio realizado por investigadores españoles ha identificado más de un centenar de marcas epigenéticas asociadas a la resistencia a la insulina en niños y adolescentes con obesidad, lo que podría transformar la forma en que se detecta y aborda esta enfermedad.
La investigación, parte del proyecto europeo EprObes y liderada por el CIBER, ha seguido durante casi seis años a un grupo de niños españoles desde la etapa prepuberal hasta la adolescencia. A través de análisis de muestras de sangre, los científicos estudiaron cambios en la metilación del ADN, un mecanismo epigenético que regula la actividad de los genes sin modificar la secuencia genética heredada. Estas modificaciones, a diferencia de las mutaciones genéticas, pueden ser influenciadas por factores como la alimentación y el entorno.

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El equipo identificó 120 regiones del ADN cuya metilación estaba relacionada con la resistencia a la insulina, una alteración que puede preceder al desarrollo de la diabetes tipo 2. Los resultados muestran que los niños cuya resistencia a la insulina empeoró durante la pubertad presentaron patrones de metilación diferentes en comparación con aquellos que mantuvieron una condición metabólica estable. Estas marcas también están vinculadas a otros indicadores de riesgo cardiovascular.
Los investigadores destacan que, aunque algunas modificaciones pueden estar influenciadas por variantes genéticas heredadas, la mayoría responde a factores metabólicos y ambientales. Esto sugiere que el impacto de la obesidad infantil va más allá de la predisposición genética. Las experiencias biológicas acumuladas durante la infancia dejan una huella medible que podría ser reversible, abriendo la puerta a nuevas estrategias de prevención y tratamiento.
El estudio propone que los análisis epigenéticos podrían utilizarse para identificar de forma temprana a los niños con mayor riesgo de desarrollar complicaciones metabólicas. Detectar estas alteraciones de manera precoz permitiría personalizar el seguimiento médico y evaluar la respuesta a tratamientos basados en cambios de hábitos de vida, ofreciendo una nueva perspectiva sobre la obesidad infantil como una condición que altera procesos biológicos profundos desde edades tempranas.

