El cerebro humano se va construyendo y moldeando a sí mismo a través de la interacción con el mundo en momentos precisos. Durante los primeros años de vida, el registro de experiencias sensoriales, motoras, sociales, culturales y ambientales se integra en el cerebro, lo que lleva a los padres a recordar los hitos del neurodesarrollo de sus hijos, como los primeros pasos y palabras.
Un artículo reciente en la revista Brain Health introduce el concepto de criticoma, que se refiere al periodo crucial de la vida donde ocurre la mayor plasticidad cerebral. Este concepto fue explicado por Juan Lerma, profesor del CSIC, quien señala que el cerebro absorbe información y la procesa, grabando físicamente las experiencias en sus circuitos neuronales.

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Lerma enfatiza que toda información que percibimos, junto con las emociones que genera, deja una huella en nuestras neuronas, afectando nuestra percepción, cognición y comportamiento en el futuro. Las interacciones sociales, la cultura y el entorno físico influyen en cómo se desarrollan nuestras redes neuronales.
Los autores del estudio, liderados por Michel Cuenod y Kim Q. Do de la Universidad de Lausana, sugieren que explorar el criticoma puede ayudar a comprender trastornos psiquiátricos y mejorar las intervenciones educativas. Este concepto es esencial para entender cómo el mismo mecanismo que favorece el talento puede también contribuir a retrasos en el desarrollo en contextos desfavorables.

