La COVID-19 ha dejado de ser el foco de atención pública desde que la Organización Mundial de la Salud declaró el fin de la emergencia sanitaria internacional. Sin embargo, su impacto sanitario, social y comunicativo sigue presente. Durante la jornada «Prevención y vacunación frente a la COVID-19», organizada por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), se discutió sobre la necesidad de mantener estrategias estables de prevención y comunicación para evitar riesgos de «normalizar en exceso» la enfermedad.
La periodista Graziella Almendral, moderadora del evento, destacó que la percepción social cambió rápidamente tras el anuncio de la OMS. “Cuando la OMS indicó el fin de la pandemia ‘oficial’, las personas dejaron de verlo como algo importante”, afirmó, subrayando que el virus sigue evolucionando y que las capacidades de vigilancia y comunicación de riesgo deben mantenerse.
La experta María Fernández-Prada también enfatizó que la vacunación ha mejorado notablemente la situación, especialmente en grupos de alto riesgo. Sin embargo, advirtió que la percepción del riesgo se ha diluido al centrarse los mensajes en colectivos específicos, como personas mayores o pacientes crónicos.
El responsable científico del Centro Nacional de Gripe, Iván Sanz, explicó que aunque el SARS-CoV-2 sigue presente, su comportamiento no es tan agresivo como en el pasado. “Estamos en un periodo en el que el virus está intentando encontrar su hueco junto a otros virus respiratorios”, puntualizó.
Por su parte, Jorge del Diego, vocal asesor del Ministerio de Sanidad, recordó que el fin de la emergencia no significa que la enfermedad haya cesado de ser un problema. “Quien no lo sufre da por cerrada la enfermedad, pero quien lo sufre se siente a menudo abandonado”, dijo, haciendo referencia a quienes padecen COVID persistente.
Los expertos coincidieron en que la normalización excesiva del riesgo puede tener consecuencias directas sobre la prevención. Del Diego subrayó que se ha pasado de una comunicación centrada en la emergencia a una casi desaparición de la COVID del debate público, lo que puede ser perjudicial. También se discutió la importancia de mantener mensajes constantes sobre la vacunación para proteger a la población vulnerable y combatir la desinformación.
En conclusión, aunque la COVID-19 ha dejado atrás la fase de emergencia, su vigilancia y comunicación siguen siendo esenciales para evitar un aumento de la carga de enfermedad en el futuro.


