Las secuelas de largo plazo del COVID-19 están presentes en nuestra vida cotidiana, desde el trabajo remoto hasta el uso habitual de cubrebocas y desinfectante de manos. Sin embargo, el impacto más profundo puede ser el miedo persistente a nuevas amenazas de salud, como lo demuestra el reciente brote de hantavirus en un crucero. A pesar de las garantías de las autoridades sanitarias sobre el bajo riesgo de propagación, la ansiedad en la población es palpable.
Este miedo es un reflejo de la desconfianza generalizada que ha crecido desde la pandemia. Según Elisa Jayne Bienenstock, socióloga de la Universidad Estatal de Arizona, “el COVID socavó nuestra confianza en aquello en lo que la mayoría solíamos confiar”. Esta erosión de la confianza ha llevado a las personas a buscar respuestas en un contexto donde la información puede ser confusa y contradictoria.

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Antes de 2020, los brotes de enfermedades no generaban la misma preocupación masiva que ahora. Sin embargo, tras la experiencia del COVID-19, la reacción ante la aparición del hantavirus ha sido rápida y alarmante. Hasta el momento, se han reportado nueve casos confirmados en el crucero, lo que ha generado inquietud entre los pasajeros y residentes de la isla de Tenerife.
Para muchos, la confianza en las instituciones ha disminuido. Bienenstock señala que esta falta de confianza afecta no solo al gobierno, sino también a los medios y la ciencia. La percepción de que la ciencia es una respuesta definitiva ha sido desafiada, lo que ha llevado a una mayor incertidumbre y miedo en la población. El aumento de la desinformación y la dependencia de rumores puede exacerbar la reacción ante riesgos que, en un contexto más calmado, podrían ser considerados menores.
Por otro lado, la enfermera jubilada Karlynn Morgan ha notado un aumento en el interés del público por temas de salud, pero también una creciente desconfianza hacia la ciencia. La disminución de las tasas de vacunación y el resurgimiento de enfermedades como el sarampión son preocupaciones que reflejan este fenómeno. Reconstruir la confianza en las instituciones es esencial para manejar futuras crisis de salud pública, y esto requerirá un compromiso claro y honesto de los líderes para informar adecuadamente a la población sobre los riesgos y medidas de seguridad.

