Como un problema latente de salud pública es considerado el Lipedema, una enfermedad que afecta aproximadamente al 11% de las mujeres a nivel mundial, y que se esconde bajo el estigma de la obesidad en la investigación clínica. No fue sino hasta 2018 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoció oficialmente como una enfermedad crónica, marcando el fin de décadas de un enfoque médico donde los síntomas de las pacientes eran atribuidos simplemente a la falta de voluntad.
Según Jubiza Pusic, kinesióloga y directora del Instituto Lipedema Chile, “esta afección se manifiesta a través de una acumulación desproporcionada de tejido graso, concentrándose en el 70% en las piernas y 30% en los brazos”. Esta disparidad no es un problema de peso, sino una patología del tejido adiposo. “El primer gran obstáculo que enfrentan estas mujeres no es la grasa acumulada, sino un sistema de salud que, por ignorancia, las condena al silencio y a la frustración”, agrega la especialista.
La frontera entre la obesidad común y el Lipedema es nítida para el ojo experto, pero invisible para la medicina general. Se estima que 8 de cada 10 médicos desconocen los criterios clínicos para identificarla, lo que sumerge a las pacientes en un peregrinaje médico. Para distinguirlo de la obesidad, es vital observar señales de alerta específicas que trascienden la balanza como dolor e hipersensibilidad, pues el tejido afectado duele al tacto y genera una sensación constante de presión o pesadez.

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Ante una patología crónica, el abordaje no puede ser fragmentado. El Instituto Lipedema Chile ha desarrollado el método “Lipedema 360”, un enfoque interdisciplinario que busca estabilizar la enfermedad antes de cualquier intervención mayor. Este equipo está liderado por especialistas que comprenden que el Lipedema es una batalla en múltiples frentes como nutrición antiinflamatoria complementada con kinesiología y rehabilitación, donde se aplican terapias descongestivas y tecnologías de vanguardia.
Cuando el tratamiento conservador alcanza su límite o la enfermedad progresa a etapas avanzadas, existe una opción quirúrgica que evita los daños que puede ocasionar la liposucción tradicional en el sistema linfático de una paciente. Esta estrategia avanzada se conoce como PAL (Power-Assisted Liposuction), una técnica que realiza un cirujano plástico y que se utiliza para tratar el Lipedema en etapas avanzadas, cuando la acumulación de grasa es más extensa.
Finalmente, es importante destacar que la herida más profunda del Lipedema no está en la piel, sino en la psiquis. La psicóloga del centro de salud, María José González Lizama, explica que “las personas diagnosticadas con Lipedema pueden verse enfrentadas a vivir diversas situaciones emocionales que afectan su bienestar psicológico como la ansiedad, baja autoestima, depresión y trastornos alimentarios.”

