Es temporada de limpieza de primavera, y para algunas personas eso puede significar tedio o ansiedad. Sin embargo, expertos que van desde monjes zen hasta psicólogos aseguran que hay beneficios para la salud mental en tareas manuales como barrer, fregar y ordenar. Estas actividades pueden favorecer la atención plena (mindfulness) o permitir que la mente divague, mientras producen una concreta sensación de logro al cumplir con las tareas básicas de la vida cotidiana.
Como dice un célebre proverbio zen: “Antes de la iluminación, cortar leña, acarrear agua. Después de la iluminación, cortar leña, acarrear agua”. Los aprendices zen, los monjes unsui, dedican buena parte de su tiempo a limpiar y ordenar. “Barremos el polvo para eliminar los deseos mundanos. Fregamos la suciedad para liberarnos de los apegos”, escribe Shoukei Matsumoto, monje budista residente en Kioto, Japón, en su libro Guía monástica para una casa y una mente limpias.

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Holly Schiff, psicóloga clínica, confirma que el proceso de limpiar puede ser tranquilizador y casi meditativo. “Sin duda creo que hay un vínculo entre la salud mental y el acto de limpiar”, afirma. Las actividades físicas y repetitivas como la limpieza pueden ser reguladoras para el sistema nervioso, ya que son predecibles y ofrecen una clara sensación de cierre.
Para quienes ven la limpieza como una carga, Schiff sugiere centrarse en el proceso más que en una lista de pendientes. Frenar el ritmo y cambiar el foco puede transformar la limpieza en un ejercicio de mindfulness. Al cuidar suavemente tu hábitat, permites que la mente se asiente de manera natural en una claridad tranquila y no forzada, dice Matsumoto. Además, enfatiza que limpiar es una forma de cuidarse a uno mismo y al mundo, entendiendo la limpieza como un acto de amor.
Finalmente, es importante soltar la perfección. Matsumoto sugiere que la paz no se encuentra en el estado final de orden, sino en el acto humilde y continuo de vaciar el espacio y la mente. En la naturaleza, todo cambia constantemente, y la limpieza debe ser vista como una práctica continua y flexible.

