Pocas rutinas de higiene son tan aceptadas como introducir un hisopo en el oído para retirar la cerilla. Sin embargo, los especialistas advierten que este hábito puede provocar más daño que beneficio. Cada año, millones de personas visitan a otorrinolaringólogos debido a problemas causados por la acumulación de cerumen, resultado de intentos de limpieza inadecuados. La Academia Americana de Otorrinolaringología señala que el uso incorrecto de bastoncillos de algodón es una de las principales causas de obstrucción del conducto auditivo externo y perforaciones en la membrana timpánica en los países desarrollados.
A pesar de esta evidencia, muchas personas continúan limpiando sus oídos después de bañarse, un hábito que es culturalmente arraigado. El cerumen, o cerilla, no es suciedad, sino una sustancia que se produce naturalmente y que tiene propiedades antimicrobianas y lubricantes. El oído está diseñado para limpiarse solo mediante un proceso conocido como migración epitelial, donde las células de la piel del conducto auditivo se desplazan hacia afuera, llevando consigo el cerumen viejo.

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Interrumpir este proceso con hisopos tiene un efecto opuesto al deseado: en lugar de eliminar la cerilla, se empuja hacia el interior del conducto auditivo, compactándola contra la membrana timpánica. Esto puede resultar en un tapón de cerumen, que puede causar hipoacusia transitoria, acúfenos y sensación de presión.
La limpieza del oído con hisopos también aumenta el riesgo de infecciones al eliminar las propiedades antimicrobianas del cerumen, dejando el canal auditivo expuesto a bacterias y hongos. Además, el uso de bastoncillos puede causar microabrasiones en la piel del conducto auditivo, que son puertas de entrada para infecciones. Un movimiento brusco puede incluso perforar la membrana timpánica, causando daños auditivos permanentes.
Los expertos coinciden en que la gran mayoría de las personas no necesita limpiar sus oídos activamente. Si se presenta alguna molestia, es recomendable consultar a un profesional de la salud. En lugar de usar hisopos, se sugiere limpiar solo la parte externa del oído con una toalla húmeda y, si es necesario, utilizar ablandadores de cerumen bajo la supervisión de un médico.

