La NASA trabaja contrarreloj para evitar la pérdida de uno de sus observatorios espaciales más importantes. El telescopio espacial Neil Gehrels Swift Observatory, conocido simplemente como Swift, está perdiendo altura de manera progresiva y podría terminar reentrando en la atmósfera terrestre si no se realiza una intervención orbital en los próximos años.
Para impedirlo, la agencia espacial estadounidense planea una misión inédita: una nave espacial privada llamada Link tiene previsto despegar a finales del próximo mes para reunirse con el telescopio espacial. Swift fue lanzado a la órbita terrestre baja en 2004 para buscar potentes explosiones espaciales conocidas como estallidos de rayos gamma.

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Swift sigue funcionando perfectamente. Sin embargo, la resistencia atmosférica lo está atrayendo hacia abajo a un ritmo cada vez mayor. El telescopio no puede resistirla, ya que carece de un sistema de propulsión. Los cálculos realizados por la NASA indicaron que podría reingresar a la atmósfera durante 2026 si no se tomaban medidas urgentes.
El plan consiste en lanzar este vehículo espacial a bordo de un cohete Pegasus XL y realizar una compleja maniobra de encuentro orbital con Swift. Una vez alcanzado el observatorio, LINK deberá sujetarse cuidadosamente a su estructura y utilizar sus propios sistemas de propulsión para elevarlo a una órbita más segura.
Además de prolongar la vida útil del observatorio, la iniciativa podría marcar un antes y un después en la exploración espacial. Los especialistas consideran que esta tecnología abriría la puerta a futuras misiones de mantenimiento y rescate para satélites y telescopios envejecidos, reduciendo costos y evitando la pérdida de valiosos instrumentos científicos.

