El tradicional diagnóstico de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) está evolucionando hacia una nueva denominación: Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP). Más que un simple cambio de nombre, esta actualización refleja un avance en la comprensión médica de una condición que afecta a millones de mujeres y que va mucho más allá del sistema reproductivo.
La nueva terminología incorpora de manera más precisa las alteraciones metabólicas, hormonales y endocrinas asociadas a esta enfermedad, evidenciando su impacto integral en la salud y calidad de vida. Marcela Opazo, académica de la carrera de Obstetricia de la U. Andrés Bello, explicó que esta transformación implica dejar atrás una mirada centrada casi exclusivamente en los ovarios y en la idea de “quistes”.
Uno de los principales ajustes tiene que ver con corregir la interpretación errónea que históricamente ha rodeado al SOP. La comunidad médica consideró necesario modificar el término “ovario poliquístico”, ya que puede inducir a confusión. “Muchos creen que la enfermedad se define por tener quistes en los ovarios, cuando en realidad no siempre hay quistes”, afirmó Opazo.

Carla Zúñiga presenta obra sobre discriminación a mujeres con VIH
El cambio de denominación también implica una transformación en la forma de abordar esta enfermedad, promoviendo una mirada más integral y de largo plazo. La matrona explicó que el nombre redefine la comprensión clínica del cuadro, ampliando el foco a una condición crónica que puede acompañar a la mujer en distintas etapas de la vida.
Entre sus múltiples efectos, el SOMP puede afectar la fertilidad y el ciclo menstrual, generando reglas irregulares o ausencia de menstruación. Además, puede manifestarse en la piel y el cabello, con acné persistente y aumento de vello, así como elevando el riesgo cardiovascular y generando efectos en la salud mental.
Un aspecto clave del SOMP es su relación con la resistencia a la insulina, lo que puede favorecer el aumento de peso o dificultar su disminución. “No basta con mirar solo la menstruación o la fertilidad; también hay que evaluar glicemia, insulina y lípidos”, detalló Opazo.
Para la experta, esta nueva denominación favorece diagnósticos más tempranos y tratamientos más integrales. “Las guías internacionales ya venían reforzando la necesidad de una atención más multidisciplinaria, ya que no se trata solo de ovarios ni de fertilidad”, concluyó.
El rol clave de la matronería es fundamental, considerando que muchas mujeres consultan inicialmente por síntomas como irregularidad menstrual o acné. Educar a las mujeres permite que consulten a tiempo y no normalicen señales como pasar meses sin menstruar.

