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El ejercicio: clave para proteger el cerebro en la vejez

La actividad física regular es esencial para mantener la salud cerebral al envejecer.

Mantenerse activo no solo beneficia el corazón y los músculos. Cada vez hay más evidencia de que el ejercicio físico juega un papel crucial en la salud del cerebro. No obstante, los expertos advierten que no basta con “moverse un poco”. La intensidad, la frecuencia y el tipo de actividad influyen directamente en su impacto sobre la memoria y la función cognitiva.

Con el envejecimiento, el cerebro experimenta cambios naturales que pueden afectar la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. La inactividad física es uno de los factores de riesgo modificables más importantes en el deterioro cognitivo. Por ello, entender cómo el ejercicio protege el cerebro se ha vuelto prioritario, en un contexto marcado por el aumento de enfermedades neurodegenerativas.

La conexión entre el movimiento y el cerebro es directa. Cuando hacemos ejercicio, el cuerpo libera sustancias químicas que actúan en diferentes regiones cerebrales, siendo el BDNF una proteína clave para la supervivencia y reparación de neuronas. Según Marta Arbizu Gómez, experta en el área, “hacer ejercicio no solo es bueno para el corazón o los músculos, sino que es una medicina directa para proteger nuestro cerebro y nuestra memoria”.

Además, la actividad física ayuda a mantener la plasticidad cerebral, favorece la creación de nuevas conexiones neuronales y mejora el flujo sanguíneo, lo que contribuye a preservar la función cognitiva durante el envejecimiento. La falta de actividad física puede acelerar el deterioro y reducir la capacidad de respuesta del organismo ante el paso del tiempo.

La intensidad y la regularidad son fundamentales. La evidencia científica indica que no toda actividad física tiene el mismo efecto en la salud cerebral. Para obtener beneficios cognitivos, el ejercicio debe ser de intensidad moderada o vigorosa. Arbizu destaca que “la intensidad es determinante porque activa procesos que mejoran el flujo sanguíneo cerebral”. Estudios sugieren que entre 70 y 140 minutos semanales de ejercicio moderado pueden generar beneficios medibles.

El tipo de ejercicio también es crucial. Las actividades aeróbicas, como caminar o nadar, mejoran el flujo sanguíneo cerebral y benefician regiones relacionadas con la memoria. Los expertos recomiendan combinar diferentes tipos de ejercicio para maximizar los beneficios cognitivos. Incorporar variedad evita la monotonía y favorece la adherencia a largo plazo, además de ayudar a reducir el estrés y los niveles de cortisol.

Moverse más hoy es cuidar el cerebro mañana. Aunque el envejecimiento cerebral no depende únicamente de la genética, los hábitos de vida, como el ejercicio físico, son herramientas accesibles para mitigar riesgos. Cualquier cantidad de actividad física es mejor que el sedentarismo, y nunca es tarde para comenzar a moverse. Incorporar hábitos activos puede ser una de las medidas más efectivas para proteger la salud cognitiva a largo plazo.

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