La carrera de Thomas Montenegro tomó un rumbo inesperado. Desde los nueve años, este defensor destacó en la cantera de Colo Colo y llegó a jugar en las inferiores de Universidad de Chile. Su futuro parecía prometedor, pero la realidad se tornó complicada tras su última experiencia en el fútbol profesional. “Hoy llevo cuatro años sin club”, confiesa Montenegro, quien jugó su último partido con el Real San Joaquín antes de enfrentar una difícil etapa de inactividad.
Montenegro, de 26 años, relata cómo su carrera se vio truncada debido a una lesión en la rodilla y a problemas económicos en su club. “No me renovaron el contrato”, explica, añadiendo que su conversación con el director técnico, Jaime Lizama, dejó en claro que no seguiría por inconvenientes relacionados con los derechos de formación. Esta situación lo llevó a una profunda depresión, enfrentando un aislamiento que solo agravó su estado emocional.

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– ¿Qué sintió después de esa situación? “Caí en una depresión súper fea cuando dejé Real San Joaquín”, comparte. A pesar de buscar nuevas oportunidades, como probar suerte en General Velásquez y Colina, no logró conseguir un nuevo equipo. Montenegro reflexiona sobre su búsqueda: “Quizás busqué muy tarde o por la falta de minutos que tuve ese año…”
Ahora, la vida de Thomas ha cambiado drásticamente. Se dedica a la reparación de airbags, un trabajo que no esperaba pero que ha aprendido a realizar con disciplina. “He tenido que adaptarme”, asegura, y reconoce el apoyo de su familia, que siempre le ha animado a no rendirse y a seguir entrenando. A pesar de las dificultades, Montenegro mantiene la esperanza de regresar al fútbol. “Espero que se me abran las puertas para seguir cumpliendo mis sueños”, concluye, entrenando con un amigo exfutbolista para mantenerse en forma y preparado para una posible reentrada al deporte que ama.

