La alimentación durante el embarazo podría tener efectos mucho más profundos de lo que se pensaba. Una investigación liderada por la Universidad de Chile reveló que la restricción calórica durante la gestación puede modificar el desarrollo de la barrera hematoencefálica, una estructura fundamental para proteger el cerebro, generando cambios que permanecen incluso en etapas avanzadas de la vida.
El estudio, publicado en la revista científica Cellular and Molecular Life Sciences, fue desarrollado por el Laboratorio de Células Madre y Biología del Desarrollo de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y liderado por la profesora Verónica Palma. Los resultados mostraron que una menor disponibilidad de nutrientes durante el desarrollo prenatal puede alterar genes relacionados con la estabilidad y el funcionamiento de los vasos sanguíneos cerebrales.
La investigación analizó los efectos de la restricción calórica durante el embarazo sobre la barrera hematoencefálica, una estructura que regula el paso de nutrientes y sustancias desde la sangre hacia el cerebro. Su función es esencial para mantener el equilibrio químico cerebral y proteger al sistema nervioso de elementos potencialmente dañinos.

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Los investigadores identificaron cambios en células relacionadas con la formación de nuevos vasos sanguíneos, lo que podría reflejar un sistema vascular más vulnerable e inestable desde etapas tempranas del desarrollo. Según la profesora Verónica Palma, el cerebro depende de una estrecha relación entre el sistema nervioso y el sistema vascular para recibir nutrientes y eliminar sustancias de desecho, haciendo que cualquier alteración en esta comunicación pueda afectar su correcto funcionamiento.
Uno de los principales hallazgos fue comprobar que los efectos de la restricción calórica prenatal no desaparecen tras el nacimiento. Por el contrario, ciertas alteraciones moleculares permanecen activas incluso durante la vida adulta. A través de análisis transcriptómicos y herramientas computacionales avanzadas, el equipo detectó una reprogramación en las células endoteliales, encargadas de formar el revestimiento interno de los vasos sanguíneos.
Los resultados refuerzan la idea de que las condiciones presentes durante el embarazo pueden influir en la salud futura de la descendencia, dejando una huella biológica que persiste mucho después del desarrollo fetal. Además, el equipo evaluó qué ocurría cuando los individuos expuestos a restricción calórica prenatal enfrentaban un nuevo episodio de estrés en etapas posteriores de la vida, mostrando respuestas conductuales y vasculares diferentes respecto de quienes no habían estado expuestos a esta condición.
Este fenómeno es conocido como el modelo del «segundo estresor». En este contexto, los hallazgos aportan nuevas evidencias sobre el papel del sistema vascular cerebral en el desarrollo de trastornos neurológicos y psiquiátricos, identificando genes que podrían transformarse en futuros blancos terapéuticos o biomarcadores para comprender mejor el origen de estas enfermedades.

