El consumo de tabaco en el trabajo suele considerarse una decisión individual, relacionada con pausas durante el horario laboral. Por otro lado, el vapeo se presenta como una alternativa “menos dañina”, aunque aún carecemos de estudios longitudinales que respalden esta percepción. Las lesiones pulmonares asociadas al uso de cigarrillos electrónicos, como el EVALI, y la exposición a metales pesados y altas dosis de nicotina generan preocupación en el ámbito de la salud laboral.
Históricamente, permitir que las percepciones sociales avancen más rápido que la evidencia científica ha llevado a errores significativos en materia de salud pública, tal como ocurrió con el tabaco en el siglo XX. Aunque muchas empresas han optado por restringir o prohibir fumar y vapear, estas medidas a menudo se presentan como promoción de la salud. Sin embargo, prohibir no necesariamente previene; simplemente traslada el consumo a otros espacios, sin abordar el problema de fondo.

Investigación Genética Mejora Prevención del Cáncer en Coquimbo
Además, un entorno laboral saludable requiere políticas que se fundamenten en la salud, así como un acceso real a programas de cesación. La cultura organizacional debe ser capaz de identificar los estresores laborales que alimentan el consumo de tabaco y vapeo. La evidencia sobre el tabaquismo es abrumadora, asociándose con enfermedades graves como enfermedades respiratorias, cardiopatía y varios tipos de cáncer.
El impacto del tabaquismo no se limita a la salud física, también afecta el rendimiento laboral. La dependencia de la nicotina genera craving que interfiere en la concentración y el estado de alerta, contribuyendo a la irritabilidad y la fatiga. Por lo tanto, es crucial replantear la visión sobre el consumo de tabaco y vapeo. La pregunta sigue siendo: ¿serán las organizaciones promotoras de salud o simples administradoras de normativas? Se requiere un enfoque más complejo que considere el tabaquismo y el vapeo como problemas de salud laboral que exigen prevención y apoyo clínico.

