A fines de mayo se conmemora el Día Mundial Sin Tabaco y especialistas advierten sobre un hábito que continúa afectando la salud de millones de personas, muchas veces sin síntomas evidentes durante años. No es “solo un cigarrillo” y nunca es demasiado pronto para dejarlo. Cada inhalación expone al organismo a miles de sustancias tóxicas capaces de dañar silenciosamente el corazón, endurecer las arterias y deteriorar progresivamente los pulmones.
Aunque muchas personas siguen asociando el tabaquismo principalmente al cáncer o a enfermedades respiratorias, hoy la evidencia médica confirma que fumar también es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar patologías cardiovasculares, incluyendo infartos y accidentes cerebrovasculares. Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, el tabaco mata a más de siete millones de personas cada año en el mundo.
El daño que comienza antes de los síntomas se manifiesta en el sistema cardiovascular incluso antes de que aparezcan señales evidentes. La nicotina y otras sustancias presentes en el humo alteran el funcionamiento de los vasos sanguíneos, elevan la presión arterial y favorecen la formación de coágulos. El aumento en los ingresos a urgencias por infarto agudo al miocardio en 2025, con un alza del 38% respecto al año anterior, pone de relieve la creciente preocupación médica.

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El riesgo no depende únicamente de la cantidad de cigarrillos consumidos. Incluso fumar de manera ocasional puede generar alteraciones importantes en el sistema circulatorio. La exposición frecuente al humo de segunda mano —también conocido como ser ‘fumador pasivo’— también incrementa las probabilidades de desarrollar enfermedades cardíacas. Según datos de Interclínica, los ingresos por accidentes cerebrovasculares (ACV) también aumentaron un 32,3% en 2025.
A nivel respiratorio, el impacto sigue siendo crítico. El humo del tabaco deteriora progresivamente la capacidad pulmonar y favorece enfermedades como bronquitis crónica y EPOC. La preocupación se extiende al uso de cigarrillos electrónicos, ya que, aunque se presentan como alternativas “menos dañinas”, también contienen nicotina y compuestos tóxicos.
Por último, los especialistas enfatizan que nunca es tarde para dejar de fumar. Abandonar el tabaco genera beneficios casi inmediatos, como la disminución de la frecuencia cardíaca y la mejora de la circulación. El cuerpo tiene una enorme capacidad de recuperación y dejar este hábito puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.

