La anorexia nerviosa, considerada una de las enfermedades mentales con mayor tasa de mortalidad, sigue sin contar con cobertura GES en Chile. Especialistas han alertado sobre el alto costo de los tratamientos, que pueden oscilar entre $400 mil y $600 mil mensuales, así como la escasez de expertos disponibles y las barreras que enfrentan pacientes y familias para acceder a la atención adecuada.
A pesar de que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son la tercera enfermedad crónica más común entre adolescentes, después de la obesidad y el asma, su gravedad continúa siendo subestimada. La falta de cobertura GES, unida a los altos costos y la limitada disponibilidad de profesionales especializados, crea un panorama complejo para quienes luchan contra estas enfermedades.
Macarena Zuleta, psicóloga clínica y codirectora del Centro especializado en Trastornos de la Conducta Alimentaria (CADDA), destaca que los TCA tienen una significativa morbimortalidad biomédica y psiquiátrica, independientemente del peso corporal. En particular, la anorexia nerviosa representa uno de los cuadros más críticos, con un riesgo de muerte entre cinco y seis veces mayor al de la población general.

Alza de sarampión en Chile: grupos prioritarios para vacunación
El acceso oportuno a tratamiento es una de las principales dificultades que enfrentan las familias. Según Pamela Campi, nutricionista y codirectora del CADDA, muchas familias pasan meses buscando ayuda y a menudo se encuentran con profesionales que no tienen formación específica en TCA o enfrentan largas listas de espera. Esta situación se agrava por el estigma y la vergüenza asociados a estas enfermedades, que retrasan diagnósticos y el acceso a tratamiento.
La ausencia de cobertura GES obliga a muchas familias a recurrir al sistema privado para acceder a tratamientos integrales, lo que se convierte en un reto económico significativo. Además, el tratamiento de estos trastornos requiere un equipo multidisciplinario que incluye psiquiatra, psicólogo, nutricionista y nutriólogo con especialización en TCA, lo que aumenta aún más los costos y complica la continuidad terapéutica.
A pesar de algunos avances en la cobertura nutricional por parte de las isapres, los especialistas advierten que estas medidas son insuficientes y parciales. La situación actual resalta la necesidad de abordar de manera integral el problema de los trastornos alimentarios, no solo desde una perspectiva económica, sino también desde la conciencia social sobre la gravedad de estas condiciones.
La falta de información adecuada y la visión errónea que se tiene sobre estas enfermedades como meros problemas de alimentación o estética son barreras que deben superarse. En realidad, se trata de enfermedades psiquiátricas complejas que requieren un enfoque compasivo y especializado para poder ser tratadas eficazmente.

