Europa afronta una crisis de enfermedad hepática crónica que, a pesar de ser en gran medida prevenible y cada vez más tratable, continúa creciendo debido a políticas públicas deficientes, sistemas sanitarios fragmentados y un persistente estigma social que responsabiliza a las personas enfermas en lugar de señalar los fallos estructurales de gobiernos y empresas.
Esta es la conclusión de una nueva serie publicada en The Lancet y liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) titulada Ending the chronic liver disease public health threat in Europe.
Los autores sostienen que Europa no solo enfrenta un problema clínico, sino también político y social. La enfermedad hepática crónica ya constituye la segunda causa de pérdida de años de vida laboral en la región, únicamente por detrás de la cardiopatía isquémica. El impacto es especialmente severo entre hombres y colectivos socialmente vulnerables, y se ve impulsado por el aumento de casos de obesidad, diabetes, sedentarismo y consumo de alcohol.

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Según la publicación, una de cada tres personas en la Unión Europea y el Reino Unido vive con enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD, actualmente uno de los principales motores del cáncer hepático en Europa. Anteriormente, esta patología era conocida como enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Los expertos critican especialmente la respuesta institucional ante el problema, ya que sigue siendo insuficiente pese a existir herramientas eficaces para prevenir, detectar y tratar estas patologías. En el caso de las hepatitis víricas, existen vacunas y tratamientos curativos; en las enfermedades asociadas al alcohol, hay políticas poblacionales con evidencia científica; y para la MASLD ya se dispone de estrategias de detección precoz, intervenciones sobre estilos de vida y nuevas terapias.
Sin embargo, los resultados continúan lejos de lo que sería posible debido a un fracaso de implementación, alineación política y diseño del sistema sanitario. Uno de los puntos centrales de la serie es la crítica al enfoque fragmentado con el que se aborda la enfermedad hepática. Los pacientes suelen pasar por atención primaria, urgencias, servicios de endocrinología, cardiología o adicciones sin una coordinación clara entre especialidades.
El estigma aparece como otro gran obstáculo. Los expertos advierten de que las personas con enfermedades hepáticas frecuentemente son juzgadas como responsables exclusivas de su situación, especialmente en patologías asociadas al alcohol o la obesidad. El estigma derivado de esta falta de contexto influye directamente en la búsqueda de atención sanitaria, la adherencia a los cuidados y los resultados en salud.

