Las familias mosaico, aquellas formadas por hijos de relaciones anteriores, adoptados o en acogida, son vistas hoy como un fenómeno moderno. Sin embargo, un nuevo estudio revela que este tipo de estructuras familiares ya existían hace más de 5.000 años en Europa Central. El profesor Ben Krause-Kyora, del Instituto de Biología Molecular Clínica de la Universidad de Kiel, destaca que las comunidades de la época tenían lazos biológicos y sociales sorprendentemente flexibles.
El Neolítico representa un momento crucial en la historia de la humanidad, donde los grupos nómadas comenzaron a asentarse y a practicar la agricultura y la ganadería. Entre el 3600 y el 2800 a.C., estas comunidades de Europa Central construyeron monumentos megalíticos, como cámaras funerarias que han sido objeto de análisis de ADN. Se estudiaron restos de 203 individuos de la cultura Wartberg en lo que hoy son Baja Sajonia, Hesse y Renania del Norte-Westfalia.
Los resultados del estudio, publicado en la revista Science, revelan que las personas enterradas juntas en las tumbas no necesariamente estaban emparentadas biológicamente. Según la profesora Almut Nebel, los lazos sociales jugaron un papel fundamental en la decisión de quiénes eran enterrados en la misma sepultura, indicando que estas comunidades eran fragmentadas y no se ajustaban a la idea de familias nucleares.

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Además, se encontró que el movimiento de estas comunidades era mayor de lo que se pensaba. Un caso notable es el de un joven enterrado en la cámara megalítica de Sorsum, cuyo padre biológico había sido sepultado a 250 kilómetros de distancia. Esto demuestra que las personas podían recorrer largas distancias, mucho antes de la domesticación del caballo en la región. Este hallazgo, junto con otros datos, sugiere que las mujeres y niñas eran particularmente móviles en este período, desafiando la concepción previa de un estilo de vida sedentario.
El doctor Nicolas da Silva, también del Instituto de Biología Molecular Clínica, señala que estas investigaciones plantean la necesidad de revaluar nuestra comprensión de las estructuras familiares y las dinámicas de movilidad en la prehistoria. La evidencia sugiere que la costumbre de erigir monumentos megalíticos se difundió culturalmente en lugar de ser el resultado de migraciones directas.
Con cada nuevo descubrimiento, la imagen de las comunidades agrícolas del Neolítico se vuelve más diversa y rica, desafiando las nociones preconcebidas sobre cómo vivían y se relacionaban estas sociedades antiguas.

