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La audaz maniobra de Carlos Condell que sorprendió en Punta Gruesa

Carlos Condell logró una insólita victoria en Punta Gruesa durante la Guerra del Pacífico.

La situación era desesperada. La Covadonga avanzaba a gran velocidad, mientras su maltrecho esqueleto maderoso se remecía con cada cañonazo disparado desde la Independencia. El capitán Carlos Condell de la Haza maniobraba como podía, pero sabía que debía hacer algo para desembarazarse de su enemigo.

En la mañana del 21 de mayo de 1879, un vigía de la vieja goleta había dado el famoso grito “Humos al norte”. Mientras la escuadra nacional arribaba al Callao, notaron que la flota del Perú había zarpado rumbo al sur. La Covadonga y la Esmeralda se habían quedado a cargo del bloqueo de Iquique. Condell tuvo que tomar una decisión crítica ante la llegada de la fragata blindada Independencia, lo mejor de la armada peruana.

“Vista la superioridad del enemigo, así como también la treintena de botes que se destacaban desde la playa en auxilio de nuestros enemigos, comprendí que por más esfuerzos que hiciéramos dentro del puerto nos era difícil, sino imposible, vencer o escapar a un enemigo diez veces más poderoso”, detalla Condell en su parte sobre el combate. En ese momento, decidió poner proa al sur, acercándose lo más posible a tierra.

Pese al acoso de los botes cargados con tiradores, la Covadonga logró cruzar la isla Serrano y tomar rumbo sur. La situación era difícil; la goleta recibió impactos desde la Independencia, y la tripulación luchaba por controlar la entrada de agua. Sin embargo, los disparos de la Independencia no eran certeros, lo que brindó una oportunidad a Condell.

Cuando las naves se acercaban a los bajos de Punta Gruesa, el comandante peruano Moore decidió embestir a la Covadonga por tercera vez. Condell, en un arriesgado movimiento, decidió pasar por encima de los arrecifes. Fue en ese momento cuando exclamó: “¡Aquí se fregaron!”. La fragata peruana quedó encallada, lo que permitió a Condell girar y disparar con sus cañones.

A pesar de que hubo confusión sobre la rendición de la Independencia, la jugada al todo o nada de Condell resultó en una insólita victoria. Al poco rato, reconoció la humeante estela del Huáscar, lo que lo llevó a escapar hacia Tocopilla. La Covadonga, aunque había sufrido daños, había logrado una victoria inesperada en la Guerra del Pacífico.

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