Cada 19 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), que busca visibilizar trastornos digestivos como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Aunque no son hereditarias ni contagiosas, estas patologías presentan factores de riesgo familiares y pueden provocar complicaciones severas si no se tratan a tiempo. Su diagnóstico depende de los síntomas y la ubicación del dolor, siendo la colonoscopia el examen más utilizado para revisiones del colon y recto.
La colitis ulcerosa es una enfermedad crónica que causa úlceras e inflamación en el colon y el recto. Aunque sus mecanismos no están completamente claros, se sugiere que puede haber una reacción anormal a la microbiota intestinal. Entre los síntomas más comunes se encuentran diarreas con sangre y sensación de urgencia para defecar. Valentina Espinoza Moreira, enfermera diagnosticada hace 8 años, destaca la importancia del apoyo de la Fundación Carlos Quintana, que ofrece soporte y medicamentos a precios accesibles.

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Por otro lado, la enfermedad de Crohn puede afectar cualquier parte del tracto digestivo y, si no se trata, puede resultar en pérdida de peso y complicaciones graves. El tratamiento implica medicamentos, cambios en la dieta y, en casos complejos, cirugía. El gastroenterólogo advierte que no seguir estas indicaciones puede aumentar el riesgo de desarrollar fístulas y otros problemas serios.
El apoyo psicológico y familiar es fundamental para quienes viven con estas condiciones. Valentina enfatiza la necesidad de redes de apoyo, así como la importancia de la Ley 21.559, que garantiza acceso a servicios sanitarios adecuados y no discriminación para personas con EII. También se menciona el uso del “Girasol de las Discapacidades Ocultas”, que permite a las personas con estas enfermedades indicar su condición de manera voluntaria.
Finalmente, un cambio en la alimentación es crucial para evitar el dolor. Se deben evitar frituras, alimentos flatulentos y irritantes. Tanto el Dr. Ortiz como Valentina recalcan la importancia del apoyo del entorno, ya que los cambios en la dieta pueden ser costosos y difíciles de implementar en situaciones sociales. Es esencial que quienes conviven con personas diagnosticadas se adapten a sus necesidades alimentarias para facilitar su bienestar.

