Una investigación chilena advierte que los bosques de huiro negro podrían perder más de la mitad de su hábitat hacia 2050. Ante este alarmante panorama, se están impulsando estrategias que combinan biotecnología y trabajo con comunidades costeras para fortalecer su conservación.
Entre el norte de Chile y el sur de Perú, estos extensos bosques han servido de refugio para peces, mariscos y otras especies, pero la proyección indica que su superficie podría retroceder más del 58% antes de mediados de este siglo. Las especies endémicas como Lessonia berteroana y Lessonia spicata son cruciales, ya que no solo son únicas de esta región, sino que también ayudan a capturar carbono y reducir la erosión costera.

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La bióloga marina Alejandra González, de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, lidera una investigación que muestra que el hábitat de estas especies podría verse drásticamente afectado por el aumento de la temperatura del mar, además de las amenazas como la extracción intensiva y la contaminación. Este escenario pone en riesgo la biodiversidad costera que es vital para el ecosistema.
Para contrarrestar esta situación, el equipo de la Dra. González ha comenzado a trabajar en la edición de material genético local de macroalgas, creando “quimeras” más resistentes al estrés ambiental. Esta iniciativa no solo busca la intervención científica, sino que también se lleva a cabo en colaboración con pescadores artesanales de localidades como Los Vilos y Caldera, integrando el conocimiento científico con la experiencia de quienes conviven diariamente con estos ecosistemas.

