Elegir el asiento de la esquina en lugares como el transporte público o el cine puede parecer una cuestión de comodidad. Sin embargo, expertos en psicología ambiental han estudiado este comportamiento, revelando que muchas personas prefieren estas posiciones por razones más profundas que la simple preferencia personal.
El psicólogo Robert Gifford, de la Universidad de Victoria en Canadá, explica que esta tendencia está relacionada con la territorialidad, un mecanismo psicológico que permite a las personas ocupar espacios que representan estabilidad y orden social. Al establecer un espacio propio, se busca mantener la paz y reducir la incertidumbre.

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Además, un estudio de la Universidad de Leiden indica que sentarse en el mismo lugar puede generar una sensación de seguridad. Las esquinas permiten observar el espacio y limitan el contacto inesperado con otros, lo que es especialmente atractivo en entornos públicos.
Otro aspecto relevante es la regulación emocional. Al elegir un asiento familiar, el cerebro ahorra energía mental, ya que no tiene que evaluar constantemente nuevas variables. Esto reduce la carga cognitiva y aporta una sensación de familiaridad y confort.
La Asociación para la Ciencia Psicológica apunta que este comportamiento no implica que una persona sea tímida o introvertida. En muchos casos, refleja una necesidad humana de control y previsibilidad en espacios compartidos. Cambiar de asiento habitual puede causar incomodidad o incluso pequeñas reacciones de estrés, subrayando la importancia de estos patrones en la vida diaria.

