Un equipo de la Universidad Tecnológica de Michigan ha desarrollado una batería submarina que se alimenta de materia orgánica marina para generar electricidad de forma continua. Este innovador sistema utiliza bacterias presentes en el sedimento y la columna de agua del océano, y lo más sorprendente es que no requiere mantenimiento, pudiendo operar durante décadas sin intervención humana.
El proyecto forma parte del programa de Energía Submarina BioLógica (BLUE), financiado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) de Estados Unidos. Según Amy Marcarelli, profesora de ciencias biológicas en la universidad, este avance es crucial ya que muchos sensores marinos actuales dependen de baterías que deben ser reemplazadas frecuentemente, lo que implica un alto costo y logística complicada.

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La batería utiliza celdas de combustible microbiano (MFC), donde las bacterias convierten su energía metabólica en corriente eléctrica. Marcarelli explica que, durante sus procesos metabólicos, los microbios transfieren electrones de un ánodo a un cátodo, generando así electricidad. Sin embargo, el mayor desafío ha sido adaptar esta tecnología a un entorno marino, donde la materia orgánica es escasa y el oxígeno está presente en mayores cantidades.
Los primeros despliegues de esta batería tuvieron lugar en la bahía de Chesapeake en noviembre de 2025, donde el sistema funcionó de manera continua durante 30 días. Con planes para realizar más pruebas, el equipo busca desplegar un sistema de 10 celdas para evaluar su rendimiento a largo plazo. Este dispositivo tiene el potencial de alimentar sensores oceánicos que monitorean condiciones ecológicas, migraciones de organismos y vigilancia acústica para la defensa naval, eliminando así la necesidad de un mantenimiento costoso y complicado.

