Un robot amarillo desciende lentamente desde la grúa del barco R/V Falkor (Too) en mar abierto sobre el Atlántico ecuatorial. Este ROV, llamado SuBastian, es un vehículo operado remotamente que se dirige a 4,700 metros de profundidad, en uno de los lugares menos explorados del planeta. Desde la cubierta del buque del Schmidt Ocean Institute, el mar se extiende plano y silencioso, ocultando un mundo de paredes rocosas gigantes, organismos bioluminiscentes y corales no documentados.
En la sala de control de misión, Paula Zapata Ramírez observa varias pantallas. Las cámaras del robot transmiten en tiempo real imágenes de sedimentos y rocas, mientras su brazo mecánico recoge muestras del lecho marino. “Cuando el ROV desciende, es como entrar a otro planeta”, explica la bióloga marina, quien comparte su entusiasmo por ser parte de este descubrimiento científico.
La expedición se centra en la Zona de Fractura Doldrums, un sistema de fallas submarinas que marca el límite entre placas tectónicas. El equipo de investigación busca determinar si esta zona sigue activa geológicamente y cómo esto afecta la distribución de organismos como corales y esponjas.

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Paula, originaria de Medellín, ha construido una carrera que combina biología marina, geociencias y tecnología submarina. Desde su primer contacto con la investigación marina en Invemar hasta su año sabático en Arabia Saudita, su trayectoria incluye estudios en varias universidades internacionales. Con su experiencia, Paula se dedica a estudiar cómo las dinámicas geológicas afectan la vida en el océano profundo.
El ROV SuBastian, descrito por Paula como un “laboratorio robótico submarino”, transmite datos y video en tiempo real, permitiendo que el equipo conozca lo que sucede en el fondo del océano. Las inmersiones pueden durar más de 16 horas, y cada viaje aporta nuevos descubrimientos sobre la biodiversidad y las formaciones geológicas de este entorno extremo.
Paula hace un llamado a Colombia para invertir en la ciencia oceánica, enfatizando la necesidad de recursos para procesar y analizar los datos recolectados. “Colombia tiene el talento humano para hacer ciencia oceánica de alto nivel”, afirma, abogando por una estrategia científica nacional que potencie la exploración y el entendimiento del océano.
Finalmente, Paula comparte un mensaje inspirador para las futuras generaciones: “No hay que crecer frente al mar para explorar el océano. La ciencia también se construye desde la curiosidad y la capacidad de imaginar lugares que todavía nadie ha visto.”

