A dos meses de la muerte del suboficial mayor de Carabineros, Javier Figueroa Manquemilla, en Puerto Varas, la incertidumbre y dudas han tomado protagonismo en una investigación reservada. La llamada al 133 reportaba desórdenes en la vía férrea, donde Figueroa fue encontrado herido. Se escucharon disparos, y se planteó una emboscada, involucrando a la PDI y Carabineros en las indagatorias.
La cronología de los hechos se inicia el 11 de marzo, a minutos de las 6 de la mañana, cuando se recibió una llamada solicitando auxilio policial por desórdenes en la vía férrea. Los primeros funcionarios en responder llegaron en una radiopatrulla y se adentraron en la zona de matorrales. Uno de los acompañantes de Figueroa recordó cómo ocurrieron los hechos, mencionando que al percibir disparos, activaron la clave 25, señalando un tiroteo.

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Se escucharon al menos tres detonaciones asimilables a disparos esa madrugada. La investigación fue declarada reservada y, en las primeras horas, no hubo personas identificadas. Aunque la Brigada de Homicidios de la PDI tomó la delantera, Carabineros también ha participado activamente en la causa. La ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, aseguró que se buscarán las penas más duras para los responsables una vez identificados.
La madre de Figueroa, Marlene Manquemilla, ha expresado su preocupación por el avance de la investigación. En una conversación con Radio Bío Bío, reveló que su hijo podría haber enfrentado conflictos en su trabajo, lo que añade un nuevo nivel de complejidad al caso. Con el paso de las semanas, las filtraciones de información han generado desconfianza en el proceso, llevando a la familia a solicitar un cambio en el fiscal a cargo.
Finalmente, la investigación sigue en curso, con la recopilación de evidencia balística y testimonios cruciales. La familia de Javier Figueroa espera que se logre esclarecer lo ocurrido y se haga justicia en este trágico caso que ha conmocionado a la comunidad.

