La bióloga e investigadora del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Carola Cañón, ha destacado la necesidad de pasar de la reacción ante brotes de hantavirus a la anticipación de estos. Su propuesta surge tras el reciente brote en el crucero MV Hondius, donde se confirmaron 11 contagios, tres de ellos mortales. Cañón enfatiza que el monitoreo ecológico puede ser clave para prevenir futuros contagios.
A pesar de que Chile y Argentina han convivido con el hantavirus durante décadas, el brote en el crucero encendió alarmas a nivel mundial. Según la OMS, hasta el 13 de mayo se han notificado 11 casos, con una tasa de letalidad del 27% en esta fase. La mayoría de los casos se deben a la cepa de los Andes, la única con evidencia de transmisión entre personas, aunque esta posibilidad es muy baja.

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Cañón aclara que el reservorio natural del hantavirus es el roedor de cola larga, conocido científicamente como Oligoryzomys longicaudatus. Este tipo de animales alberga el virus sin necesariamente expresar la enfermedad. “El ratón que está enfermo es solo un portador de la enfermedad”, explica la investigadora, resaltando la importancia de entender esta dinámica para evitar contagios innecesarios.
La transmisión del hantavirus se realiza principalmente a través de la inhalación de partículas microscópicas. Sin embargo, el reciente caso del crucero ha puesto en el centro del debate la posible transmisión de persona a persona. Cañón subraya que, aunque existe, es poco probable y requiere condiciones muy específicas para que ocurra.
Finalmente, Cañón hace un llamado a fortalecer la colaboración entre servicios de salud y centros de investigación. “Tenemos que pasar de solo reaccionar frente a estos casos a poder tener un modelo más predictivo”, enfatiza. Esta transformación implica utilizar datos ecológicos para anticipar brotes y proteger a la comunidad de futuros contagios.

