La rivalidad entre EE.UU. y China ha alcanzado nuevas dimensiones, afectando incluso a proyectos científicos en América del Sur. El Radiotelescopio China-Argentina (CART), una estructura de 40 metros de diámetro ubicada en la provincia de San Juan, se encuentra actualmente paralizado debido a tensiones geopolíticas y presiones diplomáticas. Este proyecto, concebido para ser el mayor radiotelescopio de su tipo en América del Sur, enfrenta obstáculos que han detenido su progreso.
Desde su gestación hace quince años, el CART ha sido el resultado de una colaboración entre la Universidad Nacional de San Juan y el Observatorio Astronómico Nacional de China, con una inversión inicial de 32 millones de dólares. Sin embargo, las tensiones entre Washington y Pekín han escalado, llevando a que varios proyectos científicos impulsados por China en América Latina enfrenten revisiones y cuestionamientos políticos. Según reportes, las piezas del telescopio permanecen retenidas en la aduana de Buenos Aires desde septiembre de 2024.

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Marcelo Segura, coordinador del proyecto, ha expresado su frustración, indicando que la alineación del gobierno argentino con EE.UU. ha complicado la situación. “Estamos atrapados en un agujero negro político”, comentó Ana María Pacheco, astrónoma involucrada en el proyecto, reflejando la incertidumbre que rodea a esta ambiciosa iniciativa.
Desde el punto de vista científico, el CART representaba una oportunidad única para cubrir la brecha en infraestructura de radioastronomía en el hemisferio sur. Este telescopio habría permitido estudiar la formación de estrellas y colaborar con otros radiotelescopios a nivel global. Sin embargo, mientras los científicos destacan su valor, en Washington crecen las preocupaciones sobre la expansión tecnológica de China en la región. Las objeciones al proyecto han sido constantes, desde el gobierno de Biden hasta el de Trump, lo que ha llevado a una presión continua sobre el gobierno argentino.
La situación en Argentina no es un caso aislado; Chile enfrenta desafíos similares con proyectos astronómicos impulsados por China. La presión de EE.UU. sobre estos proyectos ha llevado a una complicada intersección entre la ciencia y la política. El futuro del radiotelescopio sigue siendo incierto mientras las disputas diplomáticas continúan, y parte de sus componentes permanece atrapada en la burocracia.

