Las especies invasoras, aquellas que no pertenecen a un ecosistema y se expanden sin control, no solo afectan la biodiversidad y los ecosistemas, sino que también presentan riesgos significativos para la salud humana y la economía. Así lo expone Aníbal Pauchard, director del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y académico de la Universidad de Concepción, quien participó en un taller internacional en Panamá sobre el control de estas especies en América Latina.
Pauchard señala que estos organismos pueden facilitar la propagación de enfermedades, afectar la seguridad alimentaria y generar impactos directos en las personas. En Chile, ejemplos como el jabalí, el visón o la avispa chaqueta amarilla han mostrado efectos tanto productivos como sanitarios, lo que pone de relieve la necesidad de abordar este problema de manera integral.
El académico advierte que es fundamental reconocer que los daños económicos, a la salud y a la biodiversidad están interconectados. “Cuando se comprende que estas áreas están relacionadas, se puede captar mejor la atención de las autoridades y comunidades”, afirma. Un enfoque más coordinado entre los diferentes sectores del Estado podría facilitar respuestas más efectivas ante esta problemática.
Un aspecto alarmante es que algunas especies invasoras pueden actuar directamente como vectores de enfermedades. Por ejemplo, los mosquitos pueden portar enfermedades como el dengue, y con el calentamiento climático en Chile, se generan hábitats más propicios para ellos. Además, especies como el jabalí pueden transmitir zoonosis, lo que representa un grave riesgo para la salud pública.
El concepto de bioseguridad se vuelve crucial en este contexto, abarcando acciones destinadas a reducir riesgos ambientales y sanitarios. Sin embargo, el estudio señala que hay una desconexión entre la investigación en salud y bioseguridad, limitando la capacidad de respuesta ante amenazas complejas. En Chile, aunque se han logrado avances en el control de plagas, persisten brechas en la coordinación institucional.
Finalmente, Pauchard enfatiza la importancia de un enfoque integrado que vincule salud, biodiversidad y producción. “No se trata de abordar todas las especies a la vez, sino de priorizar las que tienen un mayor impacto potencial”, concluye, sugiriendo que entender las especies invasoras como un problema multifacético es esencial para una gestión efectiva.


