El hantavirus es una infección poco frecuente, pero potencialmente grave, asociada principalmente al contacto con roedores silvestres infectados, que eliminan el virus a través de su orina, heces y saliva. Cuando estas secreciones se secan, se mezclan con el polvo y se dispersan en el aire, lo que puede llevar a la inhalación del virus por parte de las personas. Esta es la vía de contagio más habitual, especialmente en zonas rurales, bodegas o cabañas cerradas.
El reciente brote en el crucero MV Hondius ha suscitado interrogantes sobre la transmisión del hantavirus en escenarios poco habituales, como barcos. A diferencia de otros virus que se propagan fácilmente en espacios cerrados, el hantavirus se transmite principalmente a través de roedores. Aunque el brote ha sido excepcional, no indica que los barcos sean un nuevo foco habitual para este virus.

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Una de las preguntas más frecuentes es si el hantavirus se puede transmitir a través de los alimentos. La respuesta es que no es una enfermedad alimentaria en el sentido clásico. Mientras que podría existir un riesgo teórico si los alimentos o el agua están contaminados directamente con excrementos de roedores, la evidencia actual no respalda esta vía como clínicamente relevante. Por lo tanto, en entornos rurales, es esencial tomar medidas preventivas como guardar los alimentos en recipientes herméticos y mantener una higiene adecuada.
La hidratación es crucial para cualquier infección, especialmente en casos de hantavirus donde pueden presentarse síntomas como fiebre y vómitos. Sin embargo, en el síndrome cardiopulmonar por hantavirus, la situación se complica, ya que un exceso de líquidos puede agravar el cuadro clínico. Por ello, es fundamental que la hidratación sea controlada por profesionales de la salud, evitando que familiares ofrezcan líquidos sin indicación médica. La gestión adecuada de la hidratación puede marcar la diferencia en la recuperación de los pacientes con hantavirus.

