Perú se prepara para un balotaje decisivo este domingo, donde la derecha representada por Keiko Fujimori de Fuerza Popular se enfrentará al izquierdista Roberto Sánchez de Juntos por el Perú. Tras una primera vuelta marcada por la controversia, Fujimori lideró con un 17,18% de los votos frente al 12,03% de Sánchez, lo que refleja una fragmentación ideológica en el país. La complejidad de esta elección se ve acentuada por la inestabilidad política que ha caracterizado a Perú en los últimos años.
La fragmentación geográfica del apoyo a los candidatos es notable: Fujimori cuenta con un fuerte respaldo en zonas urbanas y en el norte del país, mientras que Sánchez tiene su mayor apoyo en las regiones andinas y del sur. Esta división no solo resalta la polarización de la sociedad peruana, sino que también plantea desafíos significativos para el nuevo mandatario, independientemente de quién gane.

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Desde 2016, Perú ha tenido ocho presidentes, lo que ha generado un ambiente de inestabilidad política. Esto ha llevado a que muchos votantes se interroguen sobre la capacidad de los candidatos para enfrentar un Congreso hostil. Roberto Sánchez ha declarado que no dudaría en dimitir y convocar nuevas elecciones si se enfrenta a un Congreso que le impida gobernar. Por su parte, Keiko Fujimori busca consolidar su cuarto intento por llegar a la presidencia, enfrentando el peso de los escándalos de corrupción de su padre.
Ambos candidatos tienen propuestas claras: Fujimori promete orden y reactivación económica, mientras que Sánchez aboga por reformas sociales y una descentralización fiscal. Las relaciones con Chile también están en juego, aunque los expertos sugieren que la estabilidad de estas relaciones no dependerá únicamente del resultado del balotaje. Ganar este domingo no solo significará llegar a la presidencia, sino heredar un país con múltiples desafíos políticos y sociales.

