Más de 20,000 marineros se encuentran atrapados en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, a consecuencia del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán que comenzó a finales de febrero. El capitán Hassan Khan, quien ha estado en alta mar durante tres meses, relata que, a pesar de que el mar parece tranquilo, el ambiente a bordo es de gran ansiedad y estrés constante entre la tripulación.
Los intentos de salir del estrecho han sido infructuosos. El capitán Shafiqul Islam, al mando del barco Banglar Joyjatra, ha intentado cruzar en varias ocasiones, pero cada intento ha sido interceptado por las advertencias del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Con aproximadamente 1,600 barcos varados y el peligro de ataques, la situación se ha vuelto desesperante para los marineros, quienes están lidiando con el suministro de alimentos y agua.

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El precio de los suministros ha aumentado drásticamente; por ejemplo, el costo del agua ha subido de $1,500 a $11,000 por 180 toneladas. Rashedul Hasan, ingeniero jefe en el Banglar Joyjatra, destaca que algunos proveedores están aprovechando la crisis para incrementar los precios. La escasez de alimentos, especialmente verduras y lentejas, está comenzando a afectar la rutina diaria.
A pesar de la incertidumbre, muchos marineros siguen siendo optimistas. Algunos han comenzado a cuestionar su futuro en la marina mercante y si esta profesión seguirá siendo viable en el contexto de futuros conflictos. Mientras tanto, la diplomacia se presenta como una de las pocas esperanzas de los marineros para poder regresar a casa, aunque las negociaciones se complican por la presión internacional. “Todos los días mi familia me pregunta cuándo regresaré, pero no tengo respuesta”, lamenta un marinero paquistaní que lleva meses varado en el estrecho.

